El lapislázuli
Origen: Afganistán, Egipto
Colores: azul, reflejos dorados
Chakra: garganta
Signo astrológico: Aries, Tauro, Virgo
El lapislázuli
En primer lugar, el lapislázuli es sin duda una de las piedras más míticas de la historia. De hecho, sus primeros rastros se remontan a más de 7.000 años antes de Cristo. Así, desde el principio de los tiempos, esta piedra ha fascinado a las civilizaciones.
Desde un punto de vista geológico, el lapislázuli es una roca metamórfica perteneciente a la familia de los silicatos. Más concretamente, se compone de:
- caliza
- 20 a 40 % de lazurita
- pirita
- calcita, sodalita o augita
Sin embargo, es la presencia de lazurita lo que le confiere su azul profundo. Además, las inclusiones doradas de pirita crean destellos luminosos que evocan un cielo estrellado. Sin embargo, cuanto menos vetas de calcita o pirita visibles presente la piedra, mayor será su valor.
Además, su dureza relativamente moderada —de 5 a 5,5 en la escala de Mohs— exige un manejo delicado. A modo de comparación, el diamante alcanza un 10 en esta misma escala.
Su nombre procede del latín lapis («piedra») y lazuli («azul celeste»). Así, lapislázuli significa literalmente «piedra azul celeste».
Historia y civilizaciones
Desde la Edad de Bronce, el lapislázuli simboliza el poder y lo sagrado. De hecho, los sumerios lo llamaban "la piedra de las piedras". Por lo tanto, lo reservaban para las élites y las divinidades.
Además, las excavaciones arqueológicas han revelado:
- joyas y amuletos en Mesopotamia
- artefactos en el Cementerio Real de Ur
- objetos preciosos en el Palacio Real de Ebla
Luego, en el Antiguo Egipto, el lapislázuli se asoció con lo divino. Así, los artesanos lo utilizaron para:
- adornar los ojos de las estatuas sagradas
- incrustar la máscara de Tutankamón
- fabricar talismanes protectores
Por otro lado, los romanos le atribuyeron virtudes afrodisíacas y medicinales. Luego, en la Edad Media, la piedra se trituró para crear ungüentos y, a partir del siglo XV, se transformó en un pigmento precioso. De hecho, el famoso azul ultramar del cielo de la Capilla Sixtina proviene del lapislázuli.
Aún hoy, este pigmento natural puede alcanzar los 20.000 € el kilo, lo que demuestra su prestigio intacto.
Las virtudes del lapislázuli en la gemoterapia
-
En el ámbito psíquico
Ante todo, el lapislázuli favorece la apertura y la comunicación. De hecho, ayuda a superar la timidez y fomenta la expresión sincera.
Así, permite:
- reforzar la confianza en uno mismo
- atreverse a afirmarse
- clarificar los pensamientos
- superar los bloqueos emocionales
Además, su color azul evoca naturalmente la serenidad. Por consiguiente, calma el estrés, disminuye la ansiedad y ayuda a superar los traumas del pasado.
Asimismo, estimula:
- la creatividad
- la imaginación
- el ingenio
Por ello, acompaña particularmente a artistas, escritores y creadores.
Finalmente, en períodos difíciles —divorcio, duelo, cambio profesional—, apoya emocionalmente y favorece la introspección constructiva.
-
A nivel físico
Aunque su acción es principalmente emocional, el lapislázuli también influye en algunas dinámicas corporales.
Así, este:
- favorece un sueño más tranquilo
- reduce las tensiones relacionadas con el estrés
- apoya el buen funcionamiento del plexo solar
Además, colocado en una habitación, contribuye a establecer una atmósfera tranquila y reparadora. Por lo tanto, ayuda a recuperar vitalidad y energía al despertar.
El lapislázuli y los chakras
El lapislázuli actúa principalmente sobre el chakra de la garganta, centro energético de la comunicación.
Cuando este chakra se equilibra: la expresión se vuelve fluida y auténtica, la voz gana confianza, la compasión se desarrolla.
Por el contrario, cuando se desequilibra: un exceso puede provocar incoherencia o ironía excesiva, un bloqueo puede causar timidez y dificultad de expresión.
Así, el lapislázuli ayuda a restablecer una comunicación clara y armoniosa.
Mantenimiento, purificación y recarga
-
Para purificar:
Dado que el lapislázuli tiene una dureza moderada, debe manipularse con precaución.
Se recomienda realizar su mantenimiento al menos una vez al mes.
- páselo brevemente bajo el agua del grifo
- séquelo delicadamente con un paño suave
- utilice la defumación con salvia blanca
- o colóquelo en un cuenco tibetano
-
Para recargar:
- expóngalo al sol de la mañana durante aproximadamente una hora
- o colóquelo en una geoda de amatista
- o póngalo sobre un racimo de cuarzo durante 24 horas
Así mantendrá su profundo brillo y su poder vibratorio.
DESCUBRA
Pulsera de perlas de lapislázuli de 8 mm - Calidad A - Piedra de expresión
